En algunos países, como Francia, se han elegido unos contenidos sociales, jurídicos y políticos de gran rigor académico.
En el Reino Unido, el currículo de ?Citizenship? tiene componentes morales más amplios. No en vano la Education Reform Act de 1988 indicaba como objetivo esencial de la educación ?el desarrollo espiritual, moral, social y cultural de los alumnos?. Me gustaría que en España, donde hablar de estos temas produce alergia, se conociera la seriedad con que las autoridades educativas han intentado precisar, al menos en tres ocasiones a lo largo de los años, el concepto de ?desarrollo espiritual?, para dar cumplimiento a la orden del Parlamento.
En Estados Unidos, la EpC tiene una gran tradición y se imparte de maneras muy diferentes. Unos la entienden como ?Formación del carácter?, en el sentido de la ética aristotélica. No olvidemos que en la entraña política americana se encuentra el ?republicanismo?, que es una teoría de las virtudes cívicas. Esta educación fomenta los hábitos intelectuales, afectivos y operativos que facilitan el buen comportamiento. Otra orientación interpreta la EpC como Educación para la democracia. Ambas se ponen de acuerdo al considerar que el ?Service learning?, el aprendizaje mediante la participación en trabajos comunitarios, es imprescindible para educar a un buen ciudadano.